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jueves, 30 de marzo de 2017

Una madre es una mujer común y corriente




¿Como debe ser una madre? no soy una experta pero pienso que no todas tenemos el don de ser madre pues hay algunas mujeres que no tienen amor para sus hijos, supongo que tienen sus motivos, que tienen que ver con las experiencias vívidas en el pasado, quizás no tuvieron una madre que las guió hacia el camino del amor a su familia.

Pensando en la pregunta como es una madre y uniendo al título, pienso que las madres somos mujeres comunes y corrientes, pero con un tinte de magia, por el amor que Dios puso en los corazones para amar a nuestros hijos.

He tenido la experiencia de ser madre de tres hijos, soy maestra, guía y mentora de mis hijos hasta que Dios me lleve con él. Al principio, era una madre muy exigente, quería que mi hija mayor captara todo lo que le enseñaba a la primera vez, sin embargo en algunas cosas ella no podía hacer pronto lo que le pedía. Uno como madre se siente frustrada porque no ve una pronta respuesta a su aprendizaje. Los niños cuando están aprendiendo a escribir no tienen sus manos ágiles como para hacer sus tareas a la perfección, pero yo exigía que este bien, cosa que a ella le costaba, comenzaba a renegar con ella a veces con malos tratos, no podía amarrar sus zapatos y sobre todo no expresaba mucho sus emociones y sentimientos. Algo que me hacia a veces salir de quicio cuando no sabía la razón de sus actitudes. 

Esa actitud negativa que yo tenía en cuanto a ser madre perfecta y el anhelo de tener a mi hija en orden y que su aprendizaje vaya como yo deseaba, me hacia sentir ansiosa, pensaba que estaba fallando pero no sabía en cual área. 

Con todo eso estaba haciendo daño a mi hija haciendo que aprendiera pronto, a veces la dañaba insultado o regañándola sobre asuntos que no tenían tanta importancia. Pero pronto me di cuenta que ella no venía hacia mi para disfrutar como una hija con su madre, no tenía apego y confianza, ella iba donde estaba su padre, se sentía segura con él. Esa actitud de ella me dolía pero no quería aceptar que debía propiciar un acercamiento con ella.

Aconsejada por una pastora, quien se dio cuenta por medio de una charla mía sobre mis hijos, que había un alejamiento entre mi hija y yo. Ella me aconsejó que debía pedirle perdón a mi hija, que en ese entonces todavía tenía 3 años, sin refutar lo que se me había aconsejado llegué a mi casa y en el momento que tuve a solas con ella seguí el consejo que me dieron y fui donde mi hija para pedirle perdón, por supuesto pareció que no entendía pero vez tras ves se fue haciendo real el resultado esperado, mi hija se acercaba mas y mas a mi como su madre.

Debemos darnos cuenta que una madre comete errores, y puede dañar a sus hijos, en esas actitudes de querer ser madre perfecta y enseñar a sus hijos lo que queremos de manera rápida, en orden y sujeción, a veces no hacemos las cosas con amor, con paciencia, con entrega, sino que somos insistentes en que se haga todo a nuestro capricho, insistiendo en cosas que no tienen importancia y promoviendo la amargura y el resentimiento en la mente y corazón de nuestros hijos. 

¿Porque digo esto? porque a veces peleamos sin que esa lucha sea realmente importante, peleamos por cosas insignificante en su vida futura, pero no peleamos por lo que realmente tiene valor, cuales son la obediencia, y el aprendizaje de valores morales y espirituales. Nos ponemos a luchar de porque no hace las letras de esta u otra manera, o porque no sabe todavía hacer sus nudos de sus zapatos, pero no nos preocupamos si sabe o no hablar con Dios, o si tiene o no una comunión con Dios. 

Como hijas nuestras debemos enseñarles sobre el Dios al que nosotros servimos, El Dios al que nosotros amamos y valoramos, las cosas espirituales son mas importantes que las cosas simples, que ellos mismos puedes aprender a desarrollarlos solos sin que yo necesariamente me esté molestando por su aprendizaje.

Escribo esto porque he visto y e pasado por esa experiencia negativas entre mis hijos y yo. 

Queridas señoras, espero esta pequeña experiencia le ayude a ser una madre paciente, y no provoque a ira a sus hijos, sino que pueda ser paciente, y sobre todo enseñe valores que son eternos, que le van a servir en su vida diaria, y en su desarrollo como persona, no se moleste con cosas insignificantes, sepa elegir las batallas, y luche las que si valen la pena. Sea una madre común y corriente, sabiendo que no es perfecta, que si comete errores, pero sepa pedir perdón por sus fallas, y haga que su relación con sus hijos sea emotiva, y cautivadora, infundiendo el amor de Dios en sus vidas, para que ellos honren a ese Dios que usted ama y honra. 

No provoque a ira a sus hijos, castigando o regañando injustamente, o por algo insignificante, siga los consejos de la Palabra del Señor cuando le enseña a ser paciente y desarrollar en usted el fruto del Espíritu Santo, que le enseña a demostrar el amor a su familia en diferentes momentos y circunstancia de la vida. Gálatas 5:22, 23 dice: "22 Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, 23 mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley." RV1960

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