jueves, 1 de mayo de 2014

¡Auxilio soy madre de hijos adolescentes!


Mis tres hermosos hijos Sara Esther, Joel Andrés y Emily Judith

Me complace haber recibido la bendición de tener 3 hijos, que ahora ya son adolescentes casi llegando la etapa de la juventud. Mirando retrospectiva-mente a nuestras vidas en nuestra relación como madre e hijos, veo que no he sufrido mucho al punto de ser apuntada, o mal mirada o criticada como madre.

Mas bien al contrario he recibido admiración y palabras de felicitaciones por parte de maestros de mis hijos. Esto me hace sentir ahora una mujer privilegiada, porque al margen de que uno no sabe educar hijos pero confiando en Dios, leyendo su Palabra y aceptando concejos buenos, podemos ejercer una buena educación moral, ética y espiritualmente en nuestros hijos.

Recuerdo ahora que un tiempo fui observada por mi esposo que me dijo: "Tu los tienes a mis hijos como soldaditos", eso me hizo sentir en aquella época un tanto indecisa, no sabía si estaba haciendo lo correcto con ellos en su educación. Pensaba que estaba siendo muy severa, y me puse en la figura de generala, pero luego reaccioné y dije que si iva a  continuar enseñando y dirigiendo a mis hijos de la manera que lo estaba haciendo hasta ese momento. Años después cuando mis hijos estaban pasando por la pubertad, mi esposo me dijo de nuevo "Ery estoy complacido contigo porque tu sola haz educado a esos niños y son bien educados", eso me hizo sentir alegre pues tenía la seguridad que había obrado bien hasta ese momento, me sentí animada a continuar mi rol de madre, siendo condescendientes en cosas irrelevantes, pero siendo firme en cosas de importancia para todos nosotros como hijos de Dios y como personas de bien en la sociedad. 

El haber puesto normas y reglas desde su niñez me ayudó a guiarlos en la mejor manera que yo veía y sabia que debían ser y hacer. Nos ayudo a todos a ejercer responsabilidades dentro de nuestro hogar, ayudó a saber que es lo que debían y no debían hacer ellos, y cuales eran las consecuencias que debían afrontar en caso de incumplimientos. Ellos sabían hasta donde eran sus límites en cuanto a discusiones y peleas entre hermanos, sabían sus límites en cuanto a horarios de salidas y llegadas del colegio u otros lugares, saben ahora mismo que deben informar antes de salir y pedir aprobación, hablan con confianza sabiendo que tienen mi aprobación en cuestiones de tareas y aún de diversión, solo cuidamos mucho de no utilizar el día del Señor para paseos y compromisos propios, puesto que es una norma que hemos cumplido fielmente "ir a la iglesia y celebrar juntos el día del Señor".

Jamás hubieron discusiones entre nosotros por ninguna causa pues aprendieron desde temprano a someter su voluntad a la de sus padres, si deseaban algo lo pedían sabiendo que les daríamos si era para su bienestar y si teníamos los recursos suficientes para darles. Aprendieron que nosotros comprábamos solo lo que era necesario y no por gastar el dinero en vano, ni por despilfarrar, jamas compramos juguetes caros solo por tener el gusto de comprar lo que la TV ofrece.  No lucho con ellos por la ropa que elijen, sino por sus actitudes en cuanto a su relación con los demás, no discutir por cosas triviales sino por como debemos comportarnos delante de Dios en obediencia a El.

De esta manera me complazco y se que Dios esta contento, se que he desarrollado mi rol de madre, siendo una verdadera maestra y guía en su diario vivir y ayudándoles a desarrollarse como seres humanos. Ahora viene otra nueva etapa, la de ayudarles a elegir su carrera profesional y apoyarles en sus estudios. SE que Dios no nos dejará solos en esto también y sentimos su presencia en cada paso que damos, agradecemos por todo lo que hemos recibido de El hasta ahora.



jueves, 3 de abril de 2014

Tips para enseñar con sabiduría a nuestras hijas los valores eternos







Cuando mis hijas eran pequeñas las veía lindas, tiernas, observadoras, y estaban siempre atentas a aprender de nosotros. Adoro recordar esos tiempos cuando querían hacer lo que yo estaba haciendo, aunque ellas no lo hubieran podido hacer, querían lavar ropa, lavar los platos, ayudar en lo que veían que yo hacía.

Ahora son jovencitas, cada una tiene una afición que gusta disfrutar, debido a esto no es muy fácil que estén disponibles para ayudar en los quehaceres.  Pero debo ser firme, pedir que me ayuden. Enseñarles la importancia de la colaboración, porque pronto formarán sus propias familias, tendrán sus hijos, responsabilidades y deben desarrollar sus roles como toda buena madre. Que difícil para ellas será cuando al entrar en un compromiso matrimonial no pueden desarrollar sus actividades cotidianas con naturalidad, porque no le enseñamos en casa.

Las hijas que antes eran pequeñas, con el pasar del tiempo van creciendo y se van transformando en mujeres, lindas, hermosas, que necesitan mucho cariño, mucho amor, mucha entrega para forjar su carácter, su personalidad, con disciplina y buena enseñanza.

Dios nos ayude a ser las mejores madres, que enseñemos a nuestras hijas todo lo mejor dejando en ellas un hermoso legado de amor y deseo de hacer siempre lo mejor para su familia. No desperdiciemos nuestro tiempo hablando de novelas, o de cosas materiales, hablemos de la importancia de los valores como mujeres, el cuidado del cuerpo, la honra que una mujer tiene que cuidar, enseñarles a tener dominio propio sobre sus deseos, dominio propio para saber esperar un hombre que en verdad las ame, que las valore, que tengan sabiduría para saber rechazar las relaciones que no les convienen. Que tengan dominio propio para alimentarse debidamente, que cuiden su propio cuerpo con sabiduría. Hay tantas cosas que enseñar a nuestras hijas, si nosotras como madres hacemos lo que debemos hacer, ellas ven nuestra actitud y siguen nuestro ejemplo.

No olvide de enseñar a sus hijas, a sus nueras, a toda mujer joven a ser una mujer sabia. Tito 2:3,“Las ancianas asimismo sean reverentes en su porte; no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien;  4  que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos,  5  a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada”.

Orare para que usted cumpla su ministerio en su casa, en su familia y con su comunidad. Dios la bendiga.

miércoles, 2 de abril de 2014

Cocinar con tus hijos es una experiencia productiva para todos





Cuando enseñamos a nuestros hijos a cocinar junto con nosotros, tenemos la oportunidad de compartir nuestros secretos de cocina, aprenden mas sobre los alimentos y sus preparaciones, y cuando están solos, ya no sufren por no saber hacer una comida para ellos mismos. He escuchado de madres que no dejan apegarse a la cocina a sus hijos porque no quieren que las molesten, o porque quieren evitar un accidente relacionado con la cocina, otras hablan que son muy exigentes, quieren que los chicos hagan como ellas hacen y si sus hijos no hacen igual que ellas, se molestan y ya no les queda ganas de hacer las cosas con sus hijos.

Hermana querida, si quiere ser luz para sus hijos, aproveche todas las oportunidades para hablar del Señor, recuerde en Deuteronomio 6:4-7 habla de que tenemos que enseñar la Palabra a nuestros hijos cuando estemos por el camino, al levantarnos, al acostarnos, y eso significa enseñar en todo tiempo, hasta cuando estamos cocinando juntos. Hay mucho que enseñarles acerca del gran amor de Dios para nosotros, al darnos trabajo, sustento económico y mucho mas. Puede enseñar valores, la importancia de ser responsables, de ayudar en la casa, de colaborar y honrar a nuestros padres con el apoyo en casa. 

Dios la usara mas, si usted aprende a aprovechar ese tiempo que Dios le da para estar junto con sus hijos. Y recuerde que este tiempo será una experiencia guardada en sus corazones como muestra de su amor hacia ellos.



Cuando tu madre dice que no vayas por ahí, hazle caso

  Cuando yo era niña, vivía en una ciudad muy pequeña donde el medio de transporte mas común era la motocicleta. Se escuchaban historias de ...